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¿Cómo se pueden comprar mis libros?

martes, 17 de noviembre de 2009

El corazon del vampiro. Amor eterno



Este es mi primer libro.

Es corto, pero tiene una segunda parte que está en proceso. Me gustaría que lo fueran leyendo y me dejaran sus opiniones. Me animaría saber que le gusta a la gente, aunque solo sea un poquito.

Os dejo los primeros capitulos para que lo podais ir viendo.




Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo, lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día. Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia, eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento, como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna, y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino, te pueblan ecos y voces nostálgicas,
Yo desperté y a veces emigran y huyen pájaros que dormían en tu alma.


Veinte poemas de amor y una canción desesperada
Pablo Neruda




EL CORAZON DEL VAMPIRO


Se han escrito miles de historias de vampiros; muchas sangrientas, otras históricas, algunas románticas… ¿Pero qué hay acerca de sus corazones? ¿Aún siendo fríos sienten?



Capitulo 1: Presentación.


Me llamo Shannya y tengo veinticuatro años. Vivo en un pequeño pueblo llamado Budd Lakek en el condado de Morris (New Jersey).En las afueras, cerca del lago que lleva el mismo nombre. En una casita de dos plantas, con jardín y rodeada de naturaleza. Sola, pero acompañada de alguien especial… Y esta es su historia o nuestra historia…

Siempre fui distinta al resto de las chicas desde muy pequeña. No me han gustado las mismas cosas que al resto de mis amigas y me entendía mejor con los chicos que con ellas. Recuerdo que desde niña, por mucho que tomara el sol, nunca conseguía ponerme tan morena como las demás. Mi piel siempre se ha visto muy clara aunque sin llegar a ser blanca como la leche. Mi pelo negro, liso y largo, cada vez que me lo cortaba no tardaba en crecer y mi madre me lo recogía para que no me molestara tanto. Y hoy en día, sigo teniéndolo igual, sedoso y suave, largo y algo ondulado en las puntas.

Mis padres siempre discutían mucho, casi siempre me echaban la culpa de ello y eso que tengo otros dos hermanos que para nada son unos santos, más bien todo lo contrario. Pero yo era totalmente diferente a ellos, ambos rubios con ojos verdes y una piel que con dos rayos de sol ya tomaba color. Era contradictorio mirarles a ellos y a mí para compararnos intentando encontrar similitudes. Mis ojos azulados y mi boca decían que no teníamos nada que ver. Y así era… Solo compartíamos lazos sanguíneos maternos y mi padre siempre se quejaba de eso.

Mi madre era una mujer muy guapa, con los ojos color miel y el pelo rubio, dorado por el sol. Era y es una mujer sufrida, compasiva, cariñosa y muy sencilla. Sus manos estaban trabajadas, pero mantenían la belleza y la suavidad que tuvieron en su juventud. Le gustaba cuidar de su jardín y de la pequeña huerta en la parte trasera de la casa. Siempre se ha dedicado a cuidar su hogar, sus hijos y a su esposo. Todo el mundo ha sabido que es una mujer justa y que ha luchado mucho a pesar de las habladurías de la gente. Y es que en todas partes hay gente cruel que se alegra de las desgracias ajenas.
Mi padre… es un hombre distante, rencoroso la mayor parte de las veces, exigente, poco reflexivo, aunque muy trabajador. Se dedicó a la tala de madera hasta su prejubilación y durante los últimos años, tuvo problemas con el alcohol. Ese era el principal motivo de las discusiones en casa. Pero mi padre prefería encontrar otro culpable a todo problema sin importar cual fuera. Tenía una extraña obsesión conmigo, me culpaba de muchas cosas que nada tenían que ver con mi persona. Incluso si ocurría algo cuando yo no estaba en casa, tenía que aguantarme y pagar las consecuencias, que generalmente eran castigos injustificados y solo rara vez me levantaba la mano, aunque ganas le quedaban de hacerlo cuando bebía y se volvía insoportable.

Una noche de tormenta, escuché discutir más fuerte que nunca a mis padres y no lo soporté más. Como otras tantas veces, mi nombre salía a relucir en las brocas que se escuchaban desde la cocina. Tomé cuatro cosas que me parecían importantes y salí por la puerta como si se escapara el diablo. Mi madre gritaba mi nombre tras de mí, pero ya era tarde… no quise escucharla y a mi padre le dio exactamente igual que hubiera decidido largarme, para el era un alivio y para mí, la solución a las broncas que soportaba mi madre.

Terminé en la estación de autobuses de Greyhound, en Greenville (California del Norte), donde hasta ese momento vivía con mi familia, dirigiéndome a Dios sabe qué lugar. Viajé no sé cuantas horas sin percatarme del tiempo. Sólo pensaba en alejarme de aquel infierno y olvidarme de todo. Pero mi madre no salía de mi mente, la iba a extrañar mucho. Tenía que hacerlo, quizás de esa manera, mi madre tendría que soportar menos gritos y desprecios por parte de mi padre, porque si yo era el motivo, ya no podía usar ese hecho en contra de mi pobre madre. Y cuando ya respiraba tranquila, el autobús me acababa de dejar en la última parada. Así que, me establecí aquí y con el tiempo, logré hacerme con un trabajo de florista que no es gran cosa pero que me ayuda a pagar las facturas y una casita con su jardín.

La gente del lugar es muy agradable y simpática. Es un lugar pequeño y todos se conocen para bien o para mal. Así que a diario, escucho los saludos de mis vecinos al entrar en la tienda de flores J & M casa y jardín de la calle Church Patersson, en la que trabajo de dependienta y alguno que otro se aventura a preguntarme por el fin de semana. Todo es de lo más apacible y tranquilo. Así ha transcurrido el tiempo hasta hace poco, entre los ramos de flores, las macetas, las plantas… y mi interés por la lectura.



Recuerdo que siempre he estado interesada en los cuentos y leyendas, seres irreales y fantásticos, los mitos, todo lo oculto y extraño, la luz y las sombras, la oscuridad… Me encantaban las historias de los antiguos caballeros, nobles y villanos, el bien y el mal… el misterio.

Me fascinaban los vampiros, su entorno, todo lo que hablaba de ellos y lo que se escribía. Leía todos los relatos que caían en mis manos y de una forma rara, me sentía cercana a ellos, ligada de alguna manera, no porque encontrara coincidencias, ni tampoco porque me imaginara en algunas situaciones narradas. Era algo extraño que me hacía querer conocer más de ellos y que al mismo tiempo me dejaba ver más de mí.

La mayoría de la gente me miraba extrañada al pasar; a otros les parecía simplemente diferente; algunos me veían como a una tía rara aunque no loca. Me conocían y siempre han sabido que en mi distante forma de ser, tengo buenos sentimientos para aquellos que me brindan su amistad. No dejo que se acerquen demasiado a mí, me protejo hasta del cariño, porque sé que hasta el mejor de los sentimientos puede herir.


Mi vida iba pasando ante mí y no me terminaba de encontrar a mi misma, aún no sabía quien era yo realmente. Algo dentro de mí pedía a gritos salir y no sabía lo que era, se revelaba más a medida que pasaba mi vida por delante de mis narices sin cambiar nada. Lo único que tenía en ese momento, eran mis pocas amistades y la lectura casi diaria de aquello que desde niña me gustaba.

Sólo cuando él llegó, supe realmente quien soy y como soy… él me despertó de un sueño, de un letargo que duró siglos y que yo hasta entonces desconocía. Su nombre es Patrick y sin saberlo, yo le esperaba… Así fue como me encontró.






Capitulo 2: El despertar.


Un sábado por la mañana, más concretamente, el primer sábado de noviembre de hace dos años, salí de casa a todo llover corriendo y me dirigí a una librería cercana. La librería Caliope de la calle Dycman. Era pequeña, de esas que llevan toda la vida y que aunque pasan los años no cambian. Para entrar, hay que bajar unas escaleras de piedra gastada y te da la sensación de estar entrando en un panteón bajo tierra lleno de libros y objetos antiguos, cargados de polvo en sus estantes rebosantes de ejemplares que no se han tocado en años y que parece no haber sido leídos en siglos, tan extraños que resulta imposible creer que nadie conozca su existencia. Los pasillos estaban iluminados por candelabros y velas gastadas de las que la cera quemada goteaba pausadamente iluminando a penas las telas de araña que colgaban en algunos rincones y en varios estantes.

Entré y saludé al dueño, el Sr. Strower. Un viejecito gruñón pero simpático de pelo canoso y mirada cansada tras sus redondas gafas de pasta, que siempre me sonreía y me reñía casi al mismo tiempo por no visitarle más a menudo. Siempre fue así de refunfuñón. Yo creo que era porque la gente ya no tenía tiempo que dedicarle a la lectura. El mundo de hoy gira con demasiada prisa y hay otras prioridades. Pero para el Sr. Strower no podía ser así. La vida había que tomársela con la misma calma con la que se lee un libro, porque sino, no se pude apreciar cada pequeño detalle, que por pequeño que sea, siempre tiene importancia.

Como siempre, fui caminando despacito entre las estanterías, sin saber lo que buscaba. Terminé parándome en la misma sección de los últimos meses. Todos los libros eran únicos y muy antiguos, gastados por el tiempo y la humedad, manchados y la gran mayoría algo rasgados. Guardaban mil historias misteriosas llenas de suspense seguramente, que esperaban ser leídos alguna vez y ser recreados en la mente de sus lectores. Pero nadie lo hacía, nadie volvió a abrirlos desde hacía años y allí solo estaba yo y mi curiosidad.


Mis dedos se deslizaban por los cantos de los libros al pasar por las estanterías, sentía la suavidad de sus encuadernaciones y se me pegaba a las yemas de los dedos el polvo que sostenían, como si me dejaran ver su historia antes de ser abiertos. Y de repente, mis dedos no se movieron… Estaba rozando un libro de tapas negras y rugosas, con letras doradas muy brillantes pero desgastadas que a penas se podían distinguir. Lo saqué del estante y al cogerlo con ambas manos, comencé a sentir frío levemente. Me senté en una silla baja y lo apoyé sobre mis rodillas. Limpié un poco la portada y pude leer “SENTIRE DEL VAMPHIR“y me sentí atraída.

Abrí el libro dejando pasar varias páginas mirando de reojo la escritura. Estaba hecha mayormente con símbolos que no conocía. Seguí pasando páginas con suavidad hasta que paré en una en concreto. También estaba escrita con símbolos que jamás había visto y que eran imposibles de descifrar para mí. Pestañeé sin pensarlo y como por arte de magia los símbolos se volvieron letras legibles que pude leer con torpeza. Conseguí leer PRONUNCIA MI NOMBRE E IRE A BUSCARTE MI AMOR”. No entendí cómo, pero a mi mente vino un nombre que se escapó de mis labios en voz alta “PATRICK”. Y en ese momento se levantó una brisa helada que apagó varias velas que alumbraban mi lectura. Un escalofrío me recorrió de arriba abajo cortándome la respiración, como si quisiera colarse en mi alma y me susurrara al oído, sintiendo su aliento en mi cuello y un abrazo alrededor de mi cintura. Cerré el libro de golpe sin dejarlo donde estaba, eché a correr hacia la salida y me escapé apresurada por la pequeña puerta a las escaleras que daban a la calle.

Mientras intentaba llegar a casa, no paraba de mirar tras de mi, temerosa de que alguien me pudiera perseguir sin entender el motivo. Casi no conseguía abrir la puerta para entrar. Ya en mi cuarto, más calmada, alejé de mi mente esos pensamientos y el miedo e intente serenarme y quedarme en blanco. Cerré los ojos y agudicé el oído que se centró en el tintineo de las gotas de lluvia de la ventana. Llovía insistentemente y eso me relajaba más. Cuando más tranquila estaba, volví a escuchar esa voz susurrante y penetrante. Abrí los ojos y allí estaba, a los pies de mi cama, en pie e inmóvil, mirándome fijamente y sonriéndome. Observaba cada uno de mis rasgos y salté de la cama asustada, quedándome arrinconada en una esquina entre la cama y la ventana. El quiso acercarse con la mano extendida y al verme asustada se paró en medio del cuarto casi a oscuras. En ese momento, tampoco conseguí verle bien, solo se dibujaba su silueta en la oscuridad. Distinguía la claridad de su rostro y su altura, el color rojizo de sus labios y el brillo de sus ojos, pero no su color. Su pelo era negro, casi como el mío y de su cuello colgaba una cadenita fina plateada, pero no alcancé a ver el colgante.


No conseguía pronunciar palabra, se me había escapado la voz huyendo de tanto miedo y él rompió el silencio:

-Celinne, me has llamado después de tanto tiempo y por fin te he encontrado. No me temas, nunca te haría daño.- dijo con esa voz suave y cariñosa.

Yo seguía sin poder hablar y no entendía nada. Así que Patrick siguió hablando.

- He esperado siglos por ti.

Al final pude decir algo, aunque solo fueran preguntas:

- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Quién es Celinne?- dije medio tartamudeando.

- Tú eres Celinne.- contestó…. Y yo soy Patrick ¿es que no me recuerdas?

- Yo soy Shannya y no te conozco.- insistí…

-¿ Shannya? ¿Así te haces llamar? Yo sigo viendo en ti a la Celinne que conocí y he venido a por ti. Tú me has llamado, ¿recuerdas? Por fin te he encontrado y ya nadie nos volverá a separar, ven conmigo…


En ese momento sonó el teléfono y fui a contestar. Patrick asustado por el sonido extraño desapareció como si se esfumara, porque al volverme ya no estaba. Respiré aliviada y contesté a mi amiga Loren que era la que me llamaba. Otra vez llegaba tarde a la cita con mis amigas y estaba claro que ya no iba a acudir. Así que le pedí disculpas y colgué.

Todavía aturdida y confusa, a parte de seguir temblorosa y asustada, me dirigí a la cocina a prepararme algo caliente. No paraba de darle vueltas a lo sucedido y para distraerme decidí ver un poco la televisión. No me interesaba nada de los canales después de darle varias vueltas al zapping y puse una película para ver si se me pasaba el susto y me olvidaba de todo.

Me acurruqué en el sofá cubriéndome con una manta y me dispuse a ver la película que había elegido. No estaba mal pero poco a poco me sentí adormecida y como me había percatado de que había dejado de llover, me puse la manta por los hombros y me encaminé hacia la ventana del balcón, la abrí y salí fuera a respirar aire fresco. Olía a campo y tierra mojada, el ambiente había refrescado y se podían escuchar las últimas gotas de lluvia que caían de los árboles y arbustos del jardín. Miré hacia arriba y pude comprobar que el cielo se había despejado por completo y que había tantas estrellas en el cielo que se iluminaba todo lo que estaba al alcance de la vista. La luna era perfecta, redonda y grande, brillaba como nunca y parecía que su luz quería colarse por el ventanal de mi sala de estar.

Y volví a sentir su presencia. Estaba tras de mi, apoyando su barbilla en mi hombro y respirando al mismo tiempo que yo mientras contemplaba aquella preciosa luna y ese cielo estrellado. Lo curioso era que no estaba asustada como antes. Aun siendo de noche, cosa que podría hacer que mi miedo fuera mayor, no me sentía amenazada ni asustada. Estaba tranquila y a gusto. Como si aquel extraño fuera un conocido de toda la vida. Deslizó una mano por mi cintura para estrecharme y un ligero beso se escapó de sus labios llegando a mi mejilla. Me sentí envuelta en total tranquilidad y girando mi rostro busqué sus ojos para verle. Eran preciosos de un azul brillante e intenso y sus labios parecían tan suaves que me sentí perdida en ese instante por un momento. De repente volví en mí y me aparté… El se extrañó y me dijo:

-De verdad no me recuerdas y no crees lo que te digo. Pero tú eres mi compañera y lo entenderás en su momento. La respuesta está en tu interior y volverás a recordar. Encontrarás el significado de todas las dudas que durante mucho tiempo has tenido, pero hasta entonces, déjame que te ayude y no me apartes de tu lado.

- ¿Pero quien eres tu?- pregunté dudosa.

- Yo soy Patrick y en su día fui humano. Mi cuerpo murió y mi alma no quiso abandonarte. Pasé años a tu lado y un día, cuando te mirabas en un espejo te quedaste reflexiva y decidiste hablar conmigo seriamente sobre nuestro futuro, me pediste que te llevara conmigo a través de los tiempos. Pero tú tienes que descubrir el motivo y recordar lo que sucedió.

Se volvió a acercar a mi, puso su mano en mi barbilla mirándome de nuevo a los ojos repitiéndome que yo era Celinne y que lo entendería todo muy pronto.

Me acompañó al interior llevándome abrazada hasta mi cuarto y esperó a que me quedara dormida. Desperté antes de que amaneciera, pero ya era lunes, había dormido toda la noche y todo el día, aunque me pareciera haber descansado tan solo unas horas. Me quede sentada en la cama contemplando como salía el sol, mientras, pensaba en la noche anterior y estaba confusa, creyendo que todo había sido un sueño.

Después de espabilarme con una ducha y un café con tostadas, me vestí y me dirigí a mi trabajo diario. Atendí a mis clientes como siempre y me mantuve entretenida con mis quehaceres sin tener tiempo de pensar en otra cosa que lo que me traía entre manos. Paré para comer y fui al mismo lugar de siempre, pero esta vez, no tenía mucha hambre y me conformé con tomar algo fresco, tenía sed más que otra cosa y hacía calor a diferencia del día anterior.

La tarde pasó lenta y como a esas horas hay poca gente, terminé mis tareas florales en la tienda y saqué tiempo como cada día para leer un poco. En ese momento, recordé el libro negro de la librería y sentí curiosidad por comprobar, si lo que creí haber leído realmente estaba escrito o si fue solo mi imaginación. Como en dos horas nadie había entrado en la tienda, decidí tomarme un tiempo libre y me acerqué a la librería. Crucé las dos calles que me separaban del lugar y llegué a las escaleras, bajé abriendo la puerta y saludé como siempre al Sr. Strower, que se alegró mucho de verme tan pronto.

Volví a recorrer los pasillos buscando la estantería y el libro, pero no lo encontraba, incluso le pregunté al Sr. Strower, que no recordaba haber visto ese libro. Así que se me ocurrió repetir lo mismo que hice el día anterior, cerrar los ojos y dejarme llevar por el tacto de mis dedos. Y así fue, volví a pararme y tocar el libro. Estaba en el mismo lugar y si yo recordaba no haberlo dejado en el estante y el Sr. Strower, ni tan siquiera había visto el libro, ¿cómo es que estaba de nuevo ahí? En fin, me dejé de misterios y me dispuse a abrirlo. De nuevo me encontré con aquellos símbolos y todo el polvo de sus páginas. A penas se distinguían con tanto polvo y esa luz tan tenue de las velas, así que le pregunté al Sr. Strower si podía llevármelo unos días a casa para poder limpiarlo un poco y leerlo. El hombre muy amable no puso objeción y me dijo que lo tuviera el tiempo que quisiera, porque ya sabía que siempre le devolvía los ejemplares bien.

Volví a la tienda y terminé mi jornada. Dejé todo preparado para el día siguiente como siempre y me encaminé a casa. Cuando salía del pueblo y ya veía mi casa, volví a sentir aire fresco por mi espalda, como si se levantara del suelo y me abrazara acompañándome. No vivo lejos, así que crucé la verja y llegué a los dos escalones que llevan hasta la puerta de la entrada. Abrí y entré. Dejé mis cosas en el recibidor, solté las llaves y saqué el libro del bolso, lo abracé y me fui a la salita principal y me senté en el sofá con el libro. Una vez acomodada, lo abrí y cayó sobre mí un montón de ceniza, así que me volví a levantar y creí que sería mejor limpiarlo un poco en la cocina antes de volver a intentar abrirlo.

Lo puse sobre la mesa de la cocina y página por página, fui limpiándolo con un paño seco y de textura suave para no dañarlas. Eran muy antiguas y no quería que se rompieran. Parecía haber sido escrito hace cientos de años y con tinta roja, cosa que jamás había visto. Una vez hube terminado, aunque me llevo varias horas, volví a cogerlo y me lo llevé a la sala. Me senté de nuevo en el sofá, acomodándome con los pies encima del sofá y recostada en varios cojines. Apoyé el libro en mis piernas y abrí la primera página.






Capitulo 3: Celinne.


Era increíble, los escritos ya no me parecían gravados extraños, eran dibujos dorados que estaban bajo la escritura. Podía leerlo, aunque no entendía del todo aquellas palabras, pero me hacía una idea. Contaba la historia de dos chicos que se conocían desde niños y que siempre sintieron que se pertenecían mutuamente, que se querían tanto, que incluso a pesar de la oposición de sus padres, dos hombres poderosos enfrentados por la ambición, se veían a escondidas en los ratos que tenían y se escapaban para verse corriendo el peligro de ser descubiertos.

Se juraron amor eterno y prometieron esperar lo que hiciera falta para ser libres y escapar juntos. Querían casarse y tener hijos, pero sobre todo quererse y dedicarse en cuerpo y alma el uno al otro. Hasta que un día, el chico fue sorprendido por el padre de su amada y antes de que ella llegara a la cita como cada atardecer, lo atravesó el pecho con su espada y lo maldijo para toda la eternidad. Esa fue la última vez que vio el sol y cayendo casi muerto, la noche lo acogió en su manto y lo cubrió. Se le devolvió la vida, pero no la de un mortal. Se le otorgó la oportunidad de vivir en la noche, para cumplir la promesa que le hizo a su enamorada, quererla para siempre y estar con ella, a su lado, toda una eternidad. Lo malo era, que para mantener esa vida en la muerte, tendría que beber sangre humana. Era una oportunidad y aunque maldita, se abrazó a ella por el amor que guardaba en su corazón y dejándose morir como mortal, pronunció estas palabras “ESTARÉ A TU LADO POR SIEMPRE CELINNE, NUNCA TE ABANDONARÉ… Y SI ALGUNA VEZ ME SIENTES LEJOS DE TI, PRONUNCIA MI NOMBRE E IRÉ A BUSCARTE, MI AMOR “. Estas palabras se grabaron en el libro en el que ambos escribían su historia y las frases de amor que creaban para declararse el uno al otro.

Cuando el padre llegó ante su hija y le contó lo sucedido, Celinne lloró amargamente y deseo la misma suerte, pero aquella misma noche, Patrick entro por su ventana y la despertó, para borrar aquellos pensamientos de su mente y apartarle del dolor. Quiso hacerle saber que seguía con ella, que no la dejaría nunca y que ahora podrían verse cada noche sin miedo a que nadie les hiciera nada. Ella se alegró al verlo y al saber que estaba vivo, pero en ese momento no entendió de qué manera.

Patrick le explicó lo que le había pasado y el motivo por el que solo se verían de noche, estaba condenado a vivir entre las sombras, a moverse en la oscuridad y no podía ver la luz del día porque eso le causaría su muerte definitiva. Celinne lo aceptó, era otra muestra de su amor. Patrick le advirtió de su sed y le dijo que tenía miedo de hacerla daño, que si por eso debía de alejarse de ella lo haría, pero que nunca se iría lejos, solo lo suficiente para no dañarla. Ella lo amaba, lo quería tanto que pasado un tiempo, le dijo que no soportaba estar lejos de el, no poder sentir sus abrazos ni sus besos… Así que una noche después de haberse pasado casi todo el día frente al espejo, armándose de valor, se lo pidió. Le pidió ser como él y él se negó. No podía soportar la idea de arrebatarle la vida y condenarla a beber sangre humana para seguir existiendo. Aunque eso no detuvo a Celinne y se lo rogó, se lo imploró de rodillas. Lloraba desconsolada, quería sentirle, tocarle y abrazarle, porque hacía mucho tiempo que no lo hacía ya que él no se lo permitía. Y Patrick tenía miedo de que ella se diera cuenta de que su corazón no latía, de que su cuerpo estaba frío y de que tenía que alimentarse de otros para vivir. Así que le mostró al Patrick en el que se había convertido y Celinne aun estando asustada, se acercó a él y puso sus manos en su pecho, buscó en el interior de sus ropajes y sacó un colgante que Patrick guardaba. Mostrándoselo le dijo:

-Te prometí estar siempre contigo y tú me prometiste quererme siempre. Llevas este colgante con la sangre de los dos y la esperanza de una vida juntos. No me importa en lo que te has convertido, te quiero de igual manera y sigo deseando esa vida a tu lado. Si no es en esta vida, que sea en la tuya… pero llévame contigo, porque sino, prefiero no seguir viviendo.

Patrick deshecho en lágrimas la abrazó y la besó como hacía tiempo deseaba hacerlo y mirándola le dijo:

-Cumpliré mi promesa, pero que conste que yo no lo quise de esta manera. Te amo tanto, que no podría vivir sin ti, aunque viva en la muerte. Cierra los ojos y no temas, te llevaré conmigo como deseas. Te quiero Celinne.

Y tomándola en sus brazos besó su cuello y volvió a mirarla una vez más, para recordarla en esta vida que aún latía en ella. Bajó su mirada y guardando su rostro entre el cabello de Celinne, mordió con cariño en el beso marcado y bebió de ella. Recuperó la compostura y en cuanto la vio dolorida y llorosa, la dio de su sangre para no dejarla morir del todo y mostrarle el camino hacia la noche. Celinne despertó en una nueva vida y echada en la cama, espero a tener fuerzas para ponerse en pie. Caminó hacia la ventana y miró la noche maravillada, como nunca lo había hecho. Se giró buscando a su amado y le sonrió. Pero este le recordó, que esa oportunidad tenía el precio de otras vidas y que quererse y permanecer juntos, significaría la muerte de todos los seres queridos con el transcurso del tiempo. Tenía que hacerse a la idea y aceptarla.

Celinne le tranquilizó y le recordó que no quería a nadie como le amaba a él y que estuviera tranquilo, porque ya nada tenía que perder.


Pasó el tiempo y ambos siguieron despertando cada noche para encontrarse y disfrutar de cada segundo. Hasta que el padre de Celinne, comenzó a notar que su hija no salía de los lugares oscuros, que evitaba la claridad, que solo accedía a salir de la casa cuando caía el sol y eso, le extrañó tanto que quiso saber qué era lo que estaba pasando.

Mandó que la siguieran para averiguarlo y parte de su guardia se ocupó de ese menester. Una mañana, volvió uno de sus hombres mal herido y le contó que habían sido atacados para que el secreto no se supiera, pero que él había podido llegar a duras penas para contarlo. Así lo supo el señor de la casa y se dispuso a poner fin al asunto que retenía a su hija en manos del hijo de su enemigo, el cual creyó muerto durante algún tiempo.

Esperó el anochecer y siguió a su hija. Quería comprobar con sus propios ojos que era cierto y estaba decidido a evitar que ambos se vieran y estuvieran juntos. Dispuesto incluso a sacrificar lo más preciado para el, que en realidad, era por egoísmo puro y orgullo.

Cuando la pareja estaba sonriéndose y declarándose su amor y felicidad como tantas otras veces, entre la espesura de los arbustos que rodeaban un arroyo, fueron sorprendidos por el padre de Celinne y este le gritó a Patrick muy enojado y embravecido:

-Prefiero verla muerta, no me importa si en esta o en mil vidas, pero lo suficiente para que tu no la tengas. ¿Como iba a dejar que el hijo de mi enemigo se despose con mi hija? No me arrodillaré ni flaquearé, no lo haría ante ti o tu padre, aunque a pesar de ello, Celinne tenga que exhalar su último aliento. Por encima de mi cadáver Patrick, no lo permitiré!!

Y terminando de decir esto, desenvainó su espada y atravesó a su hija el corazón. Celinne clavó su mirada en Patrick y solo acertó a pronunciar su nombre mientras su padre sacaba la espada de sus entrañas y la cortaba el cuello. Y en el aire se escuchó “LLEVAME CONTIGO MI AMOR”.

Patrick montó en cólera en ese instante y arremetió contra el padre de Celinne hasta terminar con el y despedazarlo. Juró vengarse, arrasó toda la comarca bebiéndose la sangre de todos los hombres y mujeres que le servían, sin descansar hasta asolar el lugar. De la misma manera juró encontrar de nuevo a Celinne, viajó a través del tiempo, vio pasar los años, las décadas, esperando volver a verla entre la gente, pues su alma nunca moriría y su amor por ella tampoco. Guardó sus cenizas entre las páginas del libro que ambos estuvieron escribiendo con su sangre y lo llevó consigo donde iba. Cerraba los ojos y la recordaba tal y como era, su imagen bailaba por las estancias y los pasillos de su oscura casa. Escuchaba su voz que le hablaba incluso despierto y cada noche, se quedaba mirando la luna que tanto la fascinaba y las estrellas a las que veía como los besos que su amado Patrick le brindaba en cada momento. La llevaba consigo siempre, pero la necesitaba más que nunca.

Quiso encontrarla en otras mujeres sin suerte alguna, cuando se daba cuenta de que solo era un espejismo en sus rostros, bebía su sangre y seguía su camino en busca de su querida Celinne. Y el colgante que ella le regaló no se descolgó nunca de su cuello.

Una noche ya agotado, decidió descansar y su sueño duró tanto tiempo, que las gentes olvidaron su existencia, dejando de temer hasta tal punto, que el hogar que había conocido desapareció y el tiempo hizo su trabajo, construyendo en su lugar un mundo nuevo totalmente distinto al que él había conocido. Ignoraba todos los cambios y algo le despertó una mañana de noviembre lluviosa, esperando hasta el caer del sol para comprobar el motivo.




Entonces me di cuenta de que yo le había despertado abriendo ese libro. Posiblemente, la librería era el único lugar que quedaba de su hogar, de lo que el había conocido y yo, no había hecho otra cosa que colarme en su mundo y alterar su sueño. Pero eso no era todo, en una de las páginas del libro, encontré el rostro de una mujer pintado, que por las descripciones parecía ser Celinne. Lo contemplé durante un momento y corrí al primer espejo que encontré para mirarme. Era cierto, nos parecíamos, sorprendentemente era así. El mismo pelo, el mismo tono de piel… pero, no quería creerlo, no podía, era imposible, seguro que era producto de mi imaginación, que todo eran cuentos y leyendas, que solo lo había soñado… ¿pero como? Si hasta ese momento no había leído nada del ese libro y Patrick ya había llegado a mi cuarto hacía a penas dos días…

Volví a mirar el rostro de Celinne y me fijé en sus ojos… También eran iguales. Y su boca y la peca del cuello… ¿como podía ser? Estaba muy confusa y comencé a sentir un terrible dolor de cabeza. Así que cerré el libro y cogiéndolo otra vez entre los brazos, subí las escaleras y entre en mi habitación para descansar un rato.

Dormida podía ver lo relatado en aquel libro como si fuera real, tan real que sentía lo que había pasado hace cientos de años como si se tratara de mi propia piel. El dolor de Celinne por no poder estar con Patrick se apoderaba de mí ser y lo sentía en lo más profundo de mi alma, que volvía a revelarse queriendo salir fuera de mí, como si tuviera algo que gritar para liberarse. Esa oposición de su padre que la obligaba a obedecer a pesar de lo que sentía. Algo en mi interior estaba a punto de estallar.

3 comentarios:

Uxia dijo...

A mi ya me tienes enganchada ;-) Mucha suerte con tu proyecto!!! Uxia.

Dracol Yosh dijo...

:D me ha gustado =) un placer leerle n.n


by: Yosh Wolf V.

Emily Ballon dijo...

me encanto tu historia mucha suerte con la segunda parte la verdad es que me atrapo y senti como sifuera de que la historia esta hecha de verdad jaja xd me encanto ensima lo ley cuando en mi casa seguia lloviendo jajajaj XD

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